 
Nació hace 35 años en La Puebla de Montalbán (Toledo). En 1991 abandonó sus estudios de Telecomunicaciones para ingresar en el Seminario, y seis años más tarde fue ordenado sacerdote. Actualmente desarrolla su labor pastoral en el Centro Diocesano de Espiritualidad de Valladolid, del que es Director desde el 1 de septiembre de 2.007. Pero además, es un apasionado de la música y del Evangelio. Por eso ha querido unir ambos en un disco con mucho ritmo y contenido: «Quédate», una propuesta para acercarse a Cristo desde la música.

1) ¿Como nació su vocación como sacerdote?
Pues, la verdad, no fue una cosa de un día para otro. Yo he nacido y me he criado en una familia cristiana, con unos padres ejemplares, en este y en otros muchos sentidos. Pero la verdad es que, como tantos de mi generación, esa cadena de transmisión de la fe no logró atravesar la fuerza de un ambiente adverso, sin Dios, de esa cultura sin Dios que se empezaba a hacer para nosotros. De hecho, nunca dejé de ir a Misa los domingos, pero “por los pelos”. La decisión estaba tomada, sólo faltaba la autonomía suficiente para no verme obligado por mis padres.
Ahí fue cuando se cruzó en mi camino el grupo de jóvenes de mi parroquia, alentado por un sacerdote recién ordenado que llegó a mi pueblo. Rodeado de aquellos amigos -y más que amigos- fui poco a poco descubriendo, con asombro, que Jesucristo es alguien vivo, que te conoce, que busca tu amistad, con quien puedes tratar… A partir de ahí empecé a tener una vida de relación personal con Él que antes no había ni soñado. En el ámbito de esa vida con Él, poco a poco, fui percibiendo ese amor que te llama y que te busca sólo para Él.
2) ¿Qué papel ha desempeñado la música en su vida? ¿Cómo surgió la idea de editar un disco?
Bueno, la vocación a la música ha sido algo con lo que yo he crecido. Mi abuelo era músico y de joven tenía un pequeño conjunto con el que iba por los pueblos a tocar. Luego, ya mayor, daba en mi casa clases particulares de música. Todos los nietos comenzamos a aprender con él. Sólo que igual que empezábamos lo dejábamos. Hasta que mi padre dijo: “¡ya está bien, al conservatorio!”. Y allí empezamos un poco en serio.
Para mí la música es una manera de expresar, de vivir las alegrías y las penas, es un lenguaje, una forma de sentir las cosas. De hecho, no entendería mi vida sin la música. Respecto de mi vocación, también ha sido así. Precisamente en esa época en que comencé a tratar a Jesús como un amigo fue cuando empecé a tocar la guitarra. Luego ha sido una de las riquezas de mi vida. También ahí descubrí las canciones de Gonzalo Mazarrasa (de los trece temas del disco, diez son suyos). Siempre he dicho que si no hubiera sido por esas canciones, no sé si hubiera ido al seminario.
3) ¿Qué destacaría de su disco «Quédate»? ¿En qué se han basado para seleccionar las canciones? ¿En que se inspira para componer los temas?
A la hora de seleccionar los temas que forman el disco, lo que he intentado es, claramente, llevar el evangelio a la vida más cotidiana de la gente, sobre todo de los jóvenes: a la radio de su coche, al mp3 que escuchan por la calle, camino de la universidad o del trabajo. Llevar allí el anuncio alegre de la noticia más importante de sus vidas: ¡Dios te ama! ¡Cristo ha venido por ti! Para eso son estos temas que “dan a Jesucristo a cañonazos” con sus letras a ras de evangelio y su música, toda energía.
En el disco hay muchos estilos: digamos que sobre una base común de pop-rock, la gente puede encontrar en el disco desde un rithm & blues hasta un tema bastante country pasando por influencias de jazz o el más puro rock “Alabama”.
En cuanto a la inspiración para la composición de los temas… ¡tendrías que preguntárselo más bien a los autores de los temas! ;-) Realmente, de los 13 temas del disco, sólo 2 y medio son de composición mía. Ésa es precisamente una de las novedades que aporta el disco al panorama actual de la música cristiana (que, a diferencia de otros circuitos, está conformado fundamentalmente por cantautores, que interpretan sus propias composiciones).
4) ¿ Es posible evangelizar a través de la música? ¿Consigue hacer llegar su mensaje a los jóvenes, incluso a los no creyentes?
Mira, yo creo que la música va más allá de un mero entretenimiento. La música es un lenguaje, válido para expresar y comunicar todas las vivencias humanas, todas las “vibraciones” vitales, tanto individuales como colectivas, en todo estado y lugar. Puede ser portadora y expresión de una alegría desbordante o de una tristeza melancólica; puede ser cauce de expresión de un “movidón”, o estar llena de intimismo; podemos usarla para enseñar algo, o como instrumento para crear opinión.
Por tanto, creo que es plenamente válida para comunicarse con cualquiera, independientemente de si cree o no. Más aún, en el campo juvenil me parece que es, hoy por hoy, insustituible. Los jóvenes no “escuchan música”, sin más. La música que eligen configura sus vidas. “Dime qué escuchas, y te diré quién eres”.
Y lo mismo que el anuncio sencillo y fresco del kerygma con la palabra y el testimonio impacta a quien lo escucha, así también cuando se anuncia con una música fresca, alegre, vibrante. Yo creo que eso, apoyado en el propio testimonio de vida, no deja indiferente a nadie.

5) Sabemos que el 70 % de los beneficios de su disco van destinados a un proyecto en Perú, ¿es la solidaridad un elemento inseparable de su compromiso artístico?
Desde el comienzo estuvo claro que entre los fines del disco no entraba el hacer dinero con los CDs. Siempre he entendido la música como un don que Dios me ha dado para llevar adelante mi misión, antes como joven cristiano, ahora como sacerdote, siempre desde la gratuidad. Por eso decidimos destinar la parte más sustanciosa de los beneficios (70%) a apoyar a nuestros misioneros en Perú, dejando -eso sí- una parte para hacer económicamente viable la continuidad del proyecto, un eventual segundo disco, etc. Y me da mucha alegría poderos decir que, a día de hoy, ya he podido enviar allá 2.000 € de ayuda. Y espero poder seguir así.
6) Cuéntenos alguna anécdota de sus conciertos o de su experiencia musical.
Bueno, ésta no es de mis conciertos, aunque fue realmente gracioso. Fue en la Jornada Mundial de la Juventud de Toronto, en Agosto de 2002. Ese año -por primera vez en mucho tiempo- iba totalmente desligado de la comisión de música de la diócesis. Hasta tal punto, que ni siquiera había oído ni una vez el disco oficial con la música de la Jornada. A la diócesis le tocaba animar una de las catequesis de habla hispana, y los jóvenes lo habían requetepreparado todo perfectamente.
Pero la noche que llegamos a Toronto, se me acerca una buena amiga, que iba de responsable del grupo de otra diócesis y se alojaban en el mismo sitio que nosotros, y me dice: “Oye, que me acaba de llamar Víctor Cortizo (responsable de juventud de la Conferencia Episcopal Española) y me ha dicho que le ha fallado a última hora el grupo que iba a animar la catequesis en español del Exhibition Hall, la más numerosa de todas, y que si se puede hacer cargo mi grupo; le he dicho que sí, pero no tengo nadie que toque la guitarra…”.
Y mira por dónde, “sin comerlo ni beberlo”, me encontré al frente de ese movidón: 6.000 hispanos estaban asignados a esa catequesis, que se celebraba en un pabellón tipo IFEMA con un escenario gigantesco y capacidad para más de 8.000 personas. ¡Fue toda una odisea! ¡Teníais que verme en el bus, recorriendo los 30 minutos que separaban el alojamiento del lugar de la catequesis, con el DISCMAN y el pinganillo, aprendiéndome deprisa y corriendo el himno de la Jornada para enseñárselo luego a la gente!
Al llegar allí, como tampoco teníamos mucho preparado, invitamos a todos los que quisieran de los diversos grupos allí presentes a subir al escenario y tomar parte en el coro, para la Eucaristía. ¡Y no os imagináis cómo salió! ¡Aquello sonaba como si hubiéramos estado cantando toda la vida! Recuerdo que una de las canciones que canté fue EMAÚS, el que hoy es tema central de QUÉDATE, y la gente lo seguía. Yo me sorprendí de que lo conocieran, y al final les pregunté: “¿Cómo es que os sabíais la canción?”. Y mi sorpresa ya fue mayúscula cuando me respondieron: “No, si no lo sabíamos, pero era fácil de seguir”. ¡Imagina!
El caso es que la experiencia de esos tres días fue... ¡alucinante! Y al final de las catequesis se acercaba un montón de chicos y chicas a preguntar por mi “sidí” (CD), que querían hacerse con él… quizá fuera entonces cuando, por primera vez, me empezó a rondar la cabeza la posibilidad de que un día pudiera efectivamente haber un “sidí”, como decían aquellos hermanos americanos.
7) ¿Qué opinión le merece la música cristiana que se hace en España? ¿Cree que hay apoyo institucional, cauces y posibilidades reales para que la música cristiana se conozca en la Iglesia y fuera de ella?
Creo que estamos asistiendo a un florecimiento verdaderamente precioso, en este sentido. Se están haciendo cada vez más cosas y cada vez más buenas. Tenemos mucho que agradecer a los que durante tantos años han ido abriendo una brecha en medio de muchas dificultades: Migueli, Brotes de Olivo, Kairoi, Luis Guitarra, Luis Alfredo… y no voy a seguir con los nombres, que sino no termino. ;-)
Gracias a ellos hoy hay mucha gente en esto, y el panorama es muy prometedor (y ahora sí que me abstengo de decir nombres, porque me dejaría fuera a la mayoría)
Creo que ahora nuestra principal necesidad es la de trabajar EN RED. Creo que ese estilo de COMUNIÓN es necesario como el comer para nosotros. Seguir haciendo cada uno lo que mejor sabe hacer, pero no en solitario, sino en comunión.
Respecto de los cauces y posibilidades de que se conozca la música cristiana, no vamos a negar que ahora mismo la situación, especialmente en España, es la de David y Goliat. Pero creo que, con el pastor que llegó a ser rey, podemos decirle también nosotros al “imperio de la música”: “Tú vienes a mí armado hasta los dientes, pero yo voy a ti en nombre del Señor”. Todos sabemos cómo terminó la pelea, no? :-)
Eso sí, mientras tanto no dejaremos de poner a punto nuestra “honda”: asociarnos entre nosotros, aprovechar el “tirón” de los que más suenan para ir metiendo la cabeza en el mercado discográfico, abrir “escaparates” a la música cristiana (en este sentido, podemos aprender mucho de las iniciativas que ya se están llevando a cabo en América). Y sobre todo, de manera muy especial, tener muy claro que, si queremos que nos tomen en serio en esto de la música, los primeros en tomarnos en serio cómo la hacemos hemos de ser nosotros: “el bien hay que hacerlo bien”. Y eso supone no dejarlo todo a la improvisación, y una serie de medios mínimos (formación musical, equipos que “suenen”, buenas grabaciones…).
8) ¿Cómo podemos transmitir a nuestros hijos el amor por la música, a la vez que implantamos en ellos, valores cristianos?
Yo creo que en ese campo tenemos mucho que aprender de Mónica la gran madre de Agustín, uno de los santos más grandes de la Historia de la Iglesia. En un mundo muy parecido al nuestro, donde el cristianismo era minoría rodeada de sectas, paganismo, etc; con un hijo nacido y criado en un matrimonio con un pagano, hombre de carácter violento, más de una vez infiel, y obsesionado con el éxito mundano de su hijo, Mónica “sacó adelante” a su hijo sobre todo con tres armas:
a. Su presencia permanente junto a él: nunca lo rechazó, hiciera lo que hiciera ni viviera como viviera. Se mantuvo siempre a su lado firme en su fe cristiana vivida de verdad.
b. Su oración, muchas veces entre lágrimas: nunca lo dio por perdido, a pesar de que en muchos momentos parecía estar muy lejos del buen camino. Nunca dejó de hablarle de él a Dios
c. Su confianza -y ahí voy sobre todo- en que si alentaba en su hijo el amor sincero por la verdad, sería precisamente ese anhelo el que, antes o después, lo llevaría a la Verdad con mayúsculas. En un mundo ebrio de toda clase de teorías perniciosas, Mónica nunca tuvo miedo de que su hijo estudiara, y estudiara mucho, para desatar en él la sed de verdad.
Me parece que hoy la cosa sigue igual. Los hijos necesitan esa presencia constante de sus padres, pase lo que pase, y al mismo tiempo sin contemporizar con lo que no es bueno. Necesitan su oración. Y no hay que tener ningún miedo en que se empapen de la música de su tiempo, enseñándoles a descubrir en ella la belleza. Si se hacen verdaderos “sedientos de belleza”, su corazón no podrá parar hasta encontrar la Belleza con mayúsculas, que brilla en el rostro de Jesucristo. Es importante que aprendar a vivir la música, a vibrar con ella, a descubrir en ella lo que de más hondo tiene… ¿o no la ha elegido el Señor precisamente como imagen de lo que es el cielo, una fiesta donde todos cantan un “cántico nuevo”? ¡Ánimo, pues! :-)

9) ¿Que actuaciones o conciertos tiene previstos próximamente? ¿Tiene algún otro proyecto musical o solidario en el que esté implicado?
Bueno, pues el próximo 12 de Abril estaré en Cantalejo (Segovia), y luego el 26 tendré un concierto en formato básico en Palencia.
Otros proyectos musicales… pues el Coro Diocesano Joven de Valladolid, que es una realidad preciosa que comenzó hace 6 años y hoy aglutina a un centenar largo de jóvenes de toda la diócesis, por ejemplo.
Y solidarios… pues toda mi vida, desde el día de mi ordenación, es una entrega a los hombres, especialmente a los más necesitados que el Señor pone cada día en mi camino. Eso a veces se articula en un proyecto vistoso, otras se hace en lo escondido del anonimato, pero el sacerdote es siempre el hombre que vive “para los demás”.
En cuanto al futuro, ya estamos dándole vueltas al siguiente disco, pero… ¡eso será para más adelante!
Nada más, amigos. Sólo enviar un saludo a cuantos leéis esto, e invitaros a pasar por www.webdericardo.com, donde encontraréis muchas cosas más. Y un e-mail donde escribirme, si queréis.
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